domingo, 10 de abril de 2011

Camila


Tus manos parieron con locura
una razón de inventar la vida, desde otra vida.
Te creí aquí conmigo…
“En la soledad
de los Andes,
en el culo de América”
sin embargo,
fuiste en un taxi amarillo
a la luna.
Susurraste una mirada materna:
“La soledad, a estas alturas, daña hasta los huesos”.

Yo te imaginé, vos fallecías… (Mientras dormís)
En la esquina de tu imaginación
violaste con ternura la ficción.
Yo cargué con el sabor amargo de tu pezón izquierdo
y vos ovulaste a ella, la nuestra…
Sí, por ella, la nuestra,
estamos aquí burlando la distancia, el tiempo, la geografía
saltando las horas con los resortes que nos alquilan los segundos.
Midiendo miradas asimétricas que mueren por besar.

Tus manos parieron con locura
a una tal Camila; ella; la nuestra.

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